Storytelling en un bar de Huertas

Este fin de semana he estado en Madrid y he visto mucho storytelling.

 

Yo soy muy de comer. Me chifla.

Y si algo me lo cuentas bien es casi seguro que lo voy a disfrutar mucho más.

 

Está mal decirlo, pero es así.

Somos así de “fáciles”

 

Una buena envoltura hace todo más atractivo.

 

Me refiero a un vino en un bar.

A un plato.

A una nueva dieta.

A un rincón de la ciudad.

A un libro.

A una persona que acabas de conocer.

Todo cambia en función de cómo nos lo cuentan.

De cómo nos lo venden.

 

Y esto me paso en un bar sin demasiado encanto (pero con mesa libre, importante en estos tiempos raros) de Huertas.

En unos segundos ya vi que el camarero tenía gracia y que era un vendedor nato, pero no esperaba una pequeña historia en torno a una tapa.

 

 

Al traer nuestro vino y su correspondiente tapa el camarero podría haber dicho:

“Aquí tenéis la tapa, empanada de carne”

Esta frase es correcta, educada, ninguna pega.

 

 

Pero el camarero dijo esto, y te guste más o te guste menos, la empanada te sabe diferente:

“Hoy de tapa os traigo una empanada de “ropa vieja”. Con la carne del cocido que ha sobrado de este mediodía mi jefa ha preparado esta empanada tan tradicional que además de estar buenísima es perfecta para acompañar esta copa de vino con cuerpo y potencia de sabor que habéis pedido. Seguro que os va a encantar”

 

¿Le damos más valor a la segunda empanada verdad?

 

El poder de las historias amigos está entre nosotros desde épocas inmemorables, y es un arma que si empleas bien en tu comunicación te dará grandes alegrías.

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